El fin del principio

Luciano Canfora, el gran clasicista y filósofo político italiano, nos da dado una definición muy importante:

A quien se llama dictador no es nunca a quien gobierna en solitario, (Alleinherrscher), sino al que está en el centro mismo de un sistema de poder y de consenso. Eliminarlo no siempre significa la ruptura de ese sistema e incluso puede haber ocasiones en las que signifique su fortalecimiento. El hecho de que algunos tiranos organicen atentados falsos y subversivos en contra suya debería hacernos reflexionar.

Al reflexionar sobre el desastre egipcio hay que reconocer en primer lugar que el término ‘Revolución’ no fue acuñado por la masa incoherente y vociferante de la plaza de la ciudad. El término procedía directamente de los medios de comunicación extranjeros. Ahora bien, Napoleón declaró que siempre que ha habido una revolución han cambiado de mano las posesiones. Esto nos permite establecer la primera aclaración de la situación. Las masas han sido convencidas por los medios de comunicación de que ha ocurrido algo que jamás había ocurrido. Pero en Egipto la riqueza no ha sido transferida ni expropiada así que, en consecuencia, no ha habido una Revolución.

La segunda aclaración nos permite aplicar la visión de Canfora a la crisis de Egipto. La eliminación de Mubarak no ha cambiado en absoluto el nexo de poder que él abanderaba.

La tercera aclaración nos permite seguir a Canfora cuando afirma que el intento subversivo de desestabilizar aún más el Estado ha sido creado por el sistema de poder.

Y así es como Egipto sigue siendo un Estado capitalista obsoleto, una república datilera al estilo de las repúblicas bananeras de Sudamérica. No obstante, en Sudamérica sus masas y sus intelectuales ya han reconocido que el enemigo no es un dictador ‘nacional’ local.

Los brasileños han sido los primeros a la hora de identificar el enemigo como algo que no es el gobierno, ni el ejército ni la policía. Han percibido, y son los primeros que lo hacen, lo que no han detectado Grecia ni España, no digamos Egipto: el poder esclavizador no es el descrito por los medios de comunicación. Está más allá del Estado ya difunto: es el sistema bancario global, los medios de comunicación, de distribución y la industria armamentística. Al referirse al aborrecible Blatter, la FIFA y el fútbol en sí, los brasileños han dado paso hacia la Nueva Era. Han iniciado un nuevo diálogo de libertad y poder con el que dan respuesta al reto de Harold Laski que escribía en 1921: “Hace falta una formula nueva para un Estado cuyas raíces se han extendido más allá de la masa electoral”.

Insistiendo en este tema, decía: “Vivimos en un mundo nuevo y para que funcione de forma aceptable es necesaria una nueva teoría del Estado”.

En el camino hacia una sociedad post-capitalista con dinero real hay un obstáculo que lo bloquea: el esqueleto recientemente exhumado de un dinosaurio, los Hermanos Musulmanes. Los dos bandos que se enfrentan en las plazas de Egipto son, por igual, los esclavos sumisos de la oclocracia[1] (tiranicida) que se oculta en sus bancos-palacios. ¡Tenemos que ir más allá!


[1] Gobierno de la muchedumbre o de la plebe.

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